La etología del galgo

Dado que la mayoría de los galgos y podencos que recogemos han sido perros maltratados, o que han sufrido en mayor o menor medida algún trauma, es posible que el perro que habéis adoptado o acogido tenga alguna dificultad en la adaptación inicial.  Los factores que influyen en el comportamiento del perro son:

  • Genéticos
  • Época de socialización inicial con la madre personas, otros animales,
  • Y experiencias vividas (que normalmente desconocemos cuando llegan a nosotros).

Por lo general son animales obedientes, muy sensibles, de forma que no soportan los castigos ni las malas formas. Debemos tener paciencia, no actuar de forma brusca hacia ellos, y dejar que poco a poco se acerquen a nosotros y cojan confianza, sin forzar la situación nunca (o haremos el efecto contrario). Como cualquier perro, ellos también deben tener normas básicas de convivencia en casa y en la calle, pero antes de todo, debemos darle unos días de adaptación a su nueva familia, y ayudarle a crear un vínculo de confianza con nosotros. De esta manera, tendrá un punto de referencia y podrá entender mejor esas “normas” básicas que le enseñaremos, tan necesarias para mantener a nuestro perro estable.

Con las normas básicas nos referimos a normas generales como las siguientes:

  • Mantener las pautas alimenticias, como comer 2 o 3 veces al día según necesidades o recomendación veterinaria, y no darle de picar entre comidas ni estando nosotros comiendo (para evitar malos hábitos).
  • Realizar los paseos con correa 2 o 3 veces al día dejando que se relacione y sea social con los demás perros y personas (sin forzar la situación).
  • Aprovechar los paseos para reforzar las conductas higiénicas adecuadas y premiar cuando hace sus necesidades en la calle, parque o pipi can. La mayoría están acostumbrados a ir a zonas con tierra, debemos dejar que huelan el terreno para que encuentren su mejor lugar para hacerlo. Darles tiempo.
  • Que su lugar de descanso esté bien definido. Normalmente los galgos prefieren una cama blanda y confortable.
  • Que tengan juguetes para morder o educativos para que se entretengan. Cuando se queden solos sabrán como evitar el aburrimiento sin usar objetos de la casa no deseados.
  • Practicar obediencia básica en lugares cerrados o vallados. Como por ejemplo el “ven”. Cuando el perro obedezca lo premiamos o jugamos con él, y a continuación lo dejamos ir otra vez. Así, no relacionará el “ven” con que le ponemos la correa para irnos a casa que es mucho más aburrido que quedarse jugando. Esto, además de ser muy útil para cuando queremos que venga, nos ayuda a establecer un mayor vínculo con el perro, y de forma agradable con recompensas, caricias y premios.

Lo más frecuente que nos encontramos en nuestros galgos y podencos es que tengan miedo, inseguridades, fobias, o ansiedad por separación. Debemos tratar de comprenderlo primero para poder ayudarles a superar cualquier obstáculo. Os recomendamos que os familiaricéis con el lenguaje corporal de los perros para poder entenderlos mejor y ayudarles en el proceso de adaptación, así como entender las señales de calma.

Las señales de calma son ciertos cambios o movimientos en su cuerpo que interpretamos como señales de apaciguamiento para calmar al individuo que tiene delante, sea perro o humano. Es su forma de decirnos que “no quieren peleas ni malos rollos”, o que “nos tienen miedo y no nos entienden”.

Podemos resumir los problemas más habituales que encontramos en los galgos y podencos rescatados de la siguiente manera:

El miedo

Es una reacción emocional incontrolable que muchas veces está cronificada. Esta reacción puede desencadenar tanto en impulsos de huida, como de bloqueo momentáneo e inmovilización, y en algunos casos incluso agresividad por miedo. En el caso de los galgos, la mayoría de los casos ocurre alguna de las dos primeras opciones, por eso recomendamos no dejarlos sueltos en el exterior hasta al menos conocer sus reacciones, asegurarnos que tienen la suficiente confianza con nosotros para volver o buscarnos, y tenerlos bajo control, para evitar huidas. Esto puede pasar pasados los 6 meses o el año. Debemos observar a nuestra mascota para averiguar qué le produce estas reacciones y poder ayudarle, que pueden ser tanto ruidos (petardos, tormentas) como personas o animales; o incluso tipos de suelo resbaladizos simplemente porque no están acostumbrados. En ocasiones solo tienen miedo a los hombres por ejemplo. Si el galgo que tenemos en casa tiene miedos, no debemos dejarlo suelto hasta tener el problema superado, y, aún así, dejarlo suelto solo en lugares controlados y vallados. (Nota: recordad que también pueden echar a correr para perseguir un gato o liebre por su instinto cazador).

¿Qué hacemos?

Una vez reconocido el problema, lo más importante de todo este proceso es la actitud de los propietarios respecto al perro. Debemos actuar con total normalidad. Si el perro se asusta, tiembla o se esconde, y vamos detrás para calmarlo, le hablamos cariñosamente y le decimos que no pasa nada mientras lo acariciamos, el perro entiende que está obteniendo una recompensa por temblar y tener miedo, con lo que puede deducir que siempre tiene que actuar así porque su dueño está contento (aunque la intención sea de calmarlo, en su lenguaje canino lo entienden de esa manera).

En cambio, si hacemos como que no nos hemos dado cuenta (siempre que no sea una situación de peligro, obviamente). No lo miramos porque no hay nada de qué preocuparse y seguimos tranquilamente con lo que estábamos haciendo antes del estímulo que le asustó. Poco a poco se acostumbrará porque su propietario lo considera normal y entenderán que no hay peligro. Le trasmitimos así seguridad. (“Si el resto de la familia permanecen tranquilos, no hay por qué preocuparse”).

Obviamente haremos este procedimiento para habituarlo poco a poco y prevenir las fobias, pero si su perro realmente sufre una fuerte ansiedad o pánico a ciertos estímulos, debe consultar a su veterinario o etólogo y considerar otras terapias complementarias, y en este caso hablaríamos de fobias.

En ocasiones los perros tímidos o inseguros prefieren comer de noche, o cuando se quedan solos, porque entienden que cuando están tranquilos pueden “bajar la guardia” para alimentarse. No pasa nada, debemos respetarlo. Otros preferirán comer solo cuando esté toda la familia en casa y todo “bajo control”.

La Ansiedad por Separación

Es una reacción de ansiedad que se observa en algunos perros al verse separados de uno o más miembros de la familia. Esta ansiedad tiende a manifestarse con alguno o varios de estos síntomas, solo y exclusivamente, cuando el animal está solo o separado de su “guía”:

  • Destrozos en la casa, rascar puertas, etc.
  • Ladridos o aullidos desconsolados
  • Eliminación inapropiada (defecación y micción)

La ansiedad aparece incluso en periodos de tiempo muy cortos de ausencia del propietario. Son muchos los factores que pueden llevar a un perro a desarrollar un problema de ansiedad por separación. Sea como fuere, el perro con ansiedad por separación no es capaz de mantener un buen equilibrio en ausencia de sus propietarios, cuya presencia resulta imprescindible. Por ello vuestro perro se muestra tan dependiente de vosotros. No se trata de una venganza por haberse quedado solo. La conducta inadecuada que muestra vuestro perro al quedarse solo es su forma de liberar el estrés que sufre en esos momentos.

¿Existe tratamiento?

La ansiedad por separación es un problema de comportamiento que puede ser tratado y controlado. Vuestro perro muestra, a primera vista, una conducta correcta cuando vosotros estáis con él y una conducta inapropiada al quedarse solo. Sin embargo, la ansiedad por separación es un trastorno del comportamiento que el perro padece las 24 horas del día. En otras palabras, se trata de un problema con dos caras. La cara agradable de la dependencia la observáis mientras estáis en casa, al encontrar un perro extremadamente pendiente de vosotros (hiperapego). La cara amarga se presenta cuando se queda solo, no tiene acceso a vosotros y aparecen los síntomas de su ansiedad. Entender este último punto es vital, ya que deja clara la importancia de cumplir de forma estricta las recomendaciones que debéis seguir mientras estáis en casa. Dicho de otro modo, no podréis modificar la conducta de vuestro perro cuando se queda solo si no sois capaces de modificar vuestra actitud hacia él mientras estáis en casa.

Por tanto, una de las pautas que debemos seguir si es el caso de vuestro perro, es la de fomentar su independencia en casa, si nos persigue por toda la casa debemos ir cerrando puertas para que nos pierda de vista de vez en cuando y vea que no pasa nada. También le ayudamos a conseguir más independencia ignorando sus demandas de atención sea para juego, caricias, etc… y ofreciéndoselas solo cuando esté tranquilo. De este modo premiamos su conducta relajada y no el nerviosismo o la dependencia. Si es de los que se excita mucho cuando nos ve al llegar a casa, no reforzar esa conducta e ignorarlo hasta que esté más tranquilo y podamos recompensar esa conducta de tranquilidad deseada. Si notáis que vuestro perro se pone incluso más nervioso cuando lo ignoráis es posible que necesite otras técnicas, consultad con un etólogo.

Antes de salir de casa también lo ignoraremos durante 20 o 30 minutos antes, para que la diferencia entre estar solo y acompañado no sea tan grande.

Es conveniente que desde un principio aprenda a quedarse solo, incluso si estamos de vacaciones. Hay que seguir una rutina continua de salidas. Debemos empezar haciendo salidas cortas (de 1 minuto) y si todo ha ido bien lo premiaremos y le daremos caricias. Si se diese el caso de que no ha ido bien, le ignoraremos hasta que se calme. Si se diese el caso que hubiese roto alguna cosa, lo ignoraremos por completo mientras recogemos el destrozo e incluso seguiremos ignorándolo un rato más después de haber recogido el destrozo. Siguiendo estas técnicas hay que ir aumentando progresivamente el tiempo para que se vaya acostumbrando. Y siguiendo el mismo procedimiento de premios/ignorancia en función de como se ha comportado.

Recordemos que no sirve para la educación del perro el reñirle si después de 2 horas de estar fuera de casa al volver encontramos un destrozo en nuestra casa. Lo mejor es ignorarlo mientras recogemos. Tened en cuneta que los premios y las riñas solo tienen efecto 5 segundos después de producirse el hecho. Si le reñís después de eso no sabrá por qué lo estáis haciendo. Y no servirá en su aprendizaje.

Estos son consejos generales que pueden ir bien a muchos perros, pero la realidad es que cada perro tiene su propia historia, su forma de reaccionar ante ciertos estímulos, y por lo tanto su tratamiento puede diferir al de otros. Así que es importante acudir a la consulta de un especialista en comportamiento animal para ayudar a adaptarse mejor a su nuevo hogar, sobretodo si vemos que no mejora con los consejos básicos, o que incluso empeora.

La ansiedad por separación no debe confundirse con el aburrimiento ni con nervios al escuchar cualquier ruido de la calle.

El Aburrimiento

Es muy frecuente y muy fácil confundir la ansiedad por separación con el aburrimiento, ya que algunos de los síntomas podrían ser similares, como lloriquear cuando se queda solo, o incluso mordisquear cosas o romperlas.

Por lo general, nuestros galgos y podencos están acostumbrados a convivir con más perros, ya que los cazadores no suelen tener un solo perro, habitualmente tienen varios, así que es normal que les cueste verse solos en casa.

Es muy importante diagnosticarlo bien, ya que las pautas a seguir son bien diferentes. Es más, es muy habitual ver que nuestros galgos no saben jugar con juguetes como lo haría cualquier otro perro, ya que la mayoría de ellos se han utilizado exclusivamente para trabajar y no como animal de compañía. Y por tanto no saben entretenerse cuando están solos (si no están durmiendo). Muchos de los galgos solo saben jugar a perseguir otros perros (o gatos). Así que otra tarea importante será fomentar el juego, búsqueda de objetos o comida, etc. De esta forma podremos dejarles cosas para que se entretengan durante nuestra ausencia.

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