Casualidades de la vida. Mi amiga Hana me propuso uno de esos juegos típicos de Facebook: Yo te digo y tu cuelgas. En este caso ella nos propuso a los amigos un director y nosotros debemos colgar el cartel y comentar algo. Ella me designó a Robert Zemeckis.

Personalmente me costaba encontrar alguna peli “de las buenas” de él. Y durante el intercambio típico de dimes y diretes de esta red social pensé que se salvaba de su filmografía la película: “Forrest Gump”. Y así me di cuenta: ¡Tengo a Forrest Gump en casa! Podríamos llamarlo Nerón Gump, o Forrest Galgo. En cualquier caso Nerón, el galgo que vive con nosotros tiene muchas similitudes con el personaje que ideó Wiston Groom.

Nerón llegó a casa en la modalidad de acogida. Muchas personas ya sabéis que colaboramos con Galgos 112 y, en aquella época, Nerón llegó “de paso”.

Como Forrest Gump tenía un problema en las piernas. Los que le conocéis sabéis que tiene los pies como un pato. Pero esto no le impide hacer lo que más le gusta que es correr; y como el protagonista de la película cuando empieza a correr no para… pero para nada. Es capaz de estar cuarenta minutos en la piscina andadora en la que le ponemos cuando hacemos fisioterapia y salir al patio a seguir corriendo como un loco.

No creo que ambos sean galardonados alguna vez con un premio Nobel, ya que no destacan por su alto cociente intelectual. Como mucho les darían el Nobel de la paz por lo bondadosos que son. Aunque viendo que se lo dan últimamente a ejecutores, tanto en activo como en pasivo, pues no sé yo… pero esto se desvía de esta historia.

Si algo caracteriza a Gump y a Nerón son sus tremendos corazones. Amigos de todos, incluso de los que les quieren pegar o morder. No tienen un mal gesto con nadie. Son cariñosos, mimosos, y llenos de agradecimiento y mansedumbre.

Al igual que Forrest también sufrió una horrible guerra. No hay que ir a Vietnam, simplemente hay que ir un poquito al sur de aquí, y no mucho, la verdad. Allí le hirieron, aunque fue en la pierna y de forma mucho más grave, pero le “licenciaron” a su suerte. Y no me extrañaría que en ese apocalipsis que sufren los galgos tuviese algún compañero como Bubba, con el que fuese inseparable y hubiese padecido una suerte fatal.

En esa misma guerra hubo otra víctima: Ónice. Nerón podría llamarla perfectamente Teniente Dan. Ella tiene ese carácter marcial, mandón casi déspota y tampoco podía soportar a Forrest-Nerón al principio de su relación. Y al igual que el Teniente Dan, una de sus piernas está reconstruida. Con respeto, cariño e insistencia por parte de Nerón, ahora son inseparables compañeros de tropelías, contra viento y marea están juntos en todo. Lástima que no invirtieran en Apple.

Así pues, la vida es una caja de bombones: Nunca sabes lo que te va a tocar. Poco imaginábamos que ese perrito cojo que estaba de paso acabase siendo parte importante de nuestras vidas. Quizás el hecho que estuviese un año y medio esperando adoptantes era porque no sabíamos que él había decidido quedarse.

En fin, yo a Nerón sólo puedo decirle: Gracias por dejarme ser tu muy mejor amigo.

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