5 de mayo de 2010

Todavía recuerdo el día que se cruzaron nuestras vidas, casualmente también fue en el mes de marzo, de hace ahora ocho años. Me encanta una canción de Jorge Drexler que dice: “cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da” y yo no podía ni imaginar que el encuentro con ella, mi primera galga, me iba a deparar tanto. Estábamos mi madre, mi marido y yo cargando unos muebles para llevarlos a una familia que se acababa de trasladar de Rumanía a nuestro pueblo y vivían sin nada, entre las cuatro paredes de un piso alquilado, nosotros teníamos almacenados muebles que guardábamos para no se sabe que ocasión y pensamos que era el momento de emplearlos, y así fue, cargando un armario cuando levanté la vista al frente y en la otra parte del camino me encontré con ella, me encontré con mi tesoro…

Vi un cuerpo delgado, bello, elegante, perfecto y a la vez extraño, era la primera vez que veía un galgo. Me costó varios intentos cogerla, no sé cómo lo conseguí, de repente la tenía amarrada entre mis brazos, y desde ése día y gracias a ella, empezó mi aventura, mejor dicho, nuestra aventura con los galgos. Para mí Gala ha sido durante todo este tiempo mi compañera, mi amiga, mi hija y mi hermana y para todos los galgos que han pasado por nuestra casa y nuestras vidas, ha sido un referente, ella sin lugar a dudas era la líder de la manada, con su tranquilidad y saber estar ha enseñado mucho a muchos. Gracias a ella descubrimos lo maravilloso que es compartir la vida con ellos, la familia fue aumentando y los amigos también.

Gracias a Gala he conocido a gente maravillosa, sensible, solidaria y sobre todo buena, que forman ya parte de mi vida, muchas veces sin ni siquiera saber la cara que tienen las personas que están a la otra parte del teléfono o del correo y con las que hablo prácticamente todos los días. Por desgracia Gala hoy nos ha dejado, de forma repentina y discreta, como era ella. Es muy difícil estar en casa y no tenerla, no verla y sentirla, el vacío que deja es doloroso y grande, pero como era la “reina de los galgos”, como yo le decía, también me deja fuerzas y ganas de seguir, de seguir difundiendo lo maravillosos que son, y de seguir ayudando a tantos que como ella, de una manera u otra se cruzaran en nuestro camino y merecen una vida llena de respeto y amor, como la que ha tenido mi Gala.

Te quiero y te querré siempre.

Maria Navarro – Galgos 112 Valencia

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