Ya habían pasado por casa unos pocos perros de acogida. Me llamaron Jordi y Lidia diciéndome que había un perro atropellado que necesitaba una casa donde recuperarse.

Voy a buscarlo al veterinario, donde lo acababan de operar y allí estaba el Bru: un galgo enorme, delgadísimo, con una pata escayolada y collar isabelino que nada más abrir el maletero, se sube a mi mini coche. Nada más entrar en nuestra mini casa, ve la alfombra de la ducha y agotadísimo decide tumbarse allí durante 24 horas. Las primeras semanas han sido duras: no quería subir, ni bajar escaleras. Cada vez había que llevarlo en brazos, y aunque delgado…en la espalda se notaba!! No le gustaba quedarse solo. Y había muchas cosas de las que tenía miedo.

Yo nunca me había planteado quedármelo. Ha sido Marco que ha querido quedárselo. Yo quería una hembra, porque pensaba que las hembras son mas cariñosas y sumisas. Mas pacificas y mas buenas. Suerte que Marco ha insistido. Porque he descubierto que estaba totalmente equivocada!!

Mi Bru es lo más bueno y cariñoso que haya en este mundo. Es dulce, sociable, simpático, payaso y se lleva bien con todos los perros.

Después de unos meses, ha llegado nuestra Liviuccia. La hembra que yo tanto quería. Es una perra genial, tranquila, segura de sí misma, guapísima como ninguna. Pero hay que decirlo…. es la demonstración viviente de que me equivocaba de pleno!! Es gruñona y mandona. Los mimos le gustan cuando y como ella quiere. Obviamente no la cambiaría por nada… Es mi princesa gruñona!!! No hay otra como ella!!!

Desde que mi vida se ha llenado de perros, no entiendo cómo podía vivir antes sin uno!!

Giulia y Marco

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