Este es ARIN, se tumbó en la puerta de Ainara y Ander porque ya no podía más. Cuando el perro de la familia se puso a llorar y a ladrar en la puerta, salieron a ver qué pasaba, y ahí estaba él, sin fuerzas, sin poder dar un paso más.
Afortunadamente fue a parar a las mejores manos. Lo cogieron en brazos, lo metieron en casa y le dieron de comer y de beber.
Lo llevaron al veterinario y él se puso en contacto con nosotros.
Solo pesaba 17kg, tiene unos dos años y una cicatriz en el cuello donde antes estaba el microchip, además de un montón de heridas en su desnutrido cuerpecito.
Ainara y Ander han decidido ser su casa de acogida hasta que encuentre una familia. Su cara de felicidad lo dice todo. Ahora Arin sabe que nada malo le va a pasar, y que ya no tendrá que vagar por el monte buscando algo que comer.

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