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Bach llegó a casa a mediados de septiembre.

En casa ya vivía Brizna, una galguita joven con muchísimos miedos adoptada unos meses atrás, que necesitaba ayuda para mejorar su confianza.

Y Bach llegó un día, con su tamaño XL, su cola corta, los ojos pintados, sus ruidos guturales al correr y repartiendo morrazos a diestro y siniestro en cuanto quería conseguir un poco de comida o una caricia más…

Brizna no tardó en darse cuenta que Bach iba a ser su compañero inseparable. Su guía. Su espejo. Y empezaron a ir juntos a todas partes, empezaron a jugar, empezaron a correr… Y lo llevan haciendo desde entonces.

Brizna poco a poco fue mejorando y cada vez que se asustaba por algo ahí estaba Bach para decirle que no pasaba nada, que ese señor era bueno, que ese ruido no significaba nada…

Un día Bach nos miró fijamente para decirnos que Brizna ya estaba bien, que cuándo venía el próximo peludo a quien ayudar. Y así lo hicimos. En enero de 2013 empezamos a acoger a otros peludos y Bach y Brizna son una pareja de mentores perfecta.

Brizna les empuja y enseña a jugar de nuevo, Bach les explica quién manda y como se deben hacer las cosas. Son el tándem perfecto que ha ayudado ya a Bruno, Boira, Darko, Lulú, Bala, Shirley, Chihuahua… Y ahora a la negrita Moira que está a punto de irse adoptada después de 5 meses en casa (abril de 2014).

En realidad Bach se ha convertido en el mejor de los profesores. Y no tanto en el profesor de sus hermanos peludos… (que también) Si no en el mejor profesor para sus compañeros humanos. Todos los días nos ha ido enseñando lo sencillo de la vida. Como ser felices en cualquier momento, por cualquier gesto bonito, por cualquier caricia insignificante, a cualquier hora…

Bach, no me imagino ahora la vida sin ti y tus sabias lecciones de vida.

Te queremos mucho,

Alex, Flor y Brizna; y todos tus hermanos temporales

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