Rescatar a Noe no fue tarea fácil. Silvia la veía cada día y la alimentaba, pero la galga no conseguía confiar. No sabía que le esperaba una vida muy.distinta a la que había conocido hasta entonces.

Un mes después, por una serie de casualidades, Silvia consiguió sacar a Noe del arcén de esa carretera valenciana donde la esperaba cada día y se marchó en acogida a casa de Verónica. Necesitó cirugía, pues tenía una pata rota, y cuando estuvo lista se fue adoptada a El Vendrell, en Tarragona.

Noe, cono tantos otros galgos, nunca nos podrá explicar cual fue su historia hasta llegar a Galgos 112. Esto hace que, con los galgos más tímidos, toda precaución sea poca. Así, cuando ya llevaba varios días con su familia adoptiva, el 2 de julio de 2012, vio o escuchó algo que le recordaría vete a saber qué de su pasado. Dio un tirón y se fue.

Han pasado casi dos años desde ese tirón. Dos años en que los compañeros de Galgos 112 de Tarragona no han perdido la esperanza de recuperarla. Fueron numerosos los intentos de sus adoptantes y nuestros voluntarios de hacerse de nuevo con su confianza, durante meses la estuvieron viendo y alimentando, ella se dejaba ver y se les acercaba, pero nunca permitió que la recuperasen. Conocía todas las argucias para evitar las trampas y trucos que le ponían y en su estado, y estando cerca de la carretera, sedarla no era una opción.

Al final, se perdió y estuvieron unos meses sin saber de ella. Pero nunca perdieron la esperanza, siempre al tanto por si detectaban alguna pista acerca de su paradero. Hasta que hace casi dos meses, a raíz de un rescate de la asociación Pasos del Vendrell en el que Galgos 112 colaboró que preguntamos por ella y nos dieron la pista para localizarla.

Y de nuevo nuestros compañeros a las andadas. Ahora se trataba de ubicarla exactamente y crearle una rutina con la comida, tarea nada fácil porque Noe es desconfiada y en cuanto veía un coche o personas se mantenía a una distancia prudencial. Además cada día nos obsequiaba con un comportamiento distinto, acudiendo a horas distintas o directamente sin presentarse. Para recuperarle una rutina, contamos con la ayuda de Silvia Burgos, que se implicó desde el primer día.

Noches sin dormir, largas horas de espera, muchos intentos de día D y hora H que terminaban con los compañeros regresando a casa con cierta decepción por no conseguir llevar a Noe con ellos pero manteniendo la esperanza por conseguirlo puesto que se la veía y comía aquello que le dejaban.

Finalmente, y pasados 50 días desde que la volvimos a ver, pudimos poner fecha a ese día D, hora H. El destino, caprichoso como él solo, quiso que el día D fuera, ni más ni menos que el 6 de junio. La hora H sin embargo no fue las 06.30 GMT sino las 13.55 GMT+2. El hambre fue en esta ocasión nuestro mejor aliado.

El viaje en coche de regreso fue reponedor. Noe viajó tranquila, sin ningún sobresalto. Al llegar a Tarragona recibió un baño relajante y ahora descansa en casa de Rafael y Mª Carme.

Noe nos ha demostrado una vez más algo que ya sabíamos, pero que a veces olvidamos: cuando las cosas se hacen con el corazón, tarde o temprano se obtiene la recompensa. Y ¡que buena recompensa!

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